El brazalete de Baphomet (Parte 2 de 2)

El brazalete de Baphomet (Parte 2 de 2)

17 de enero del 2014

El enano lo observaba con avidez desde la estanter铆a de su habitaci贸n. Hab铆a llevado aquel engendro a casa, oculto bajo los harapos. Su t铆o Edmundo no lo hab铆a visto al entrar.

驴Por qu茅 su amigo hab铆a hecho aquello? 驴C贸mo lograr铆a deshacer aquel entuerto? Decidi贸 que ir铆a a exigirle excusas al d铆a siguiente. Se acost贸 en su lecho, no sin antes cubrir al enano de harapos y guardarlo en un armario, incapaz de soportar su mirada.

Cuando se dirigi贸 al molino al d铆a siguiente, supo que su mala estrella le acompa帽aba. El molinero jefe estaba desolado.

-隆La cosecha! 隆Echada a perder! 隆Toda una estaci贸n al infierno!

Al parecer, el trigo hab铆a salido defectuoso y los cuervos hab铆an devorado casi toda la cosecha. Aquello pod铆a ser un verdadero desastre, la ruina del molino. El panorama era demoledor.

Aquella jornada la pas贸 ayudando a su jefe a rescatar todo el trigo posible. No obstante, no daba para una buena cosecha, lo que crisp贸 los nervios de Juan, que no se sacaba a Beatriz, a Ram贸n y al enano de la cabeza.

Regres贸 a casa cabizbajo. Se dio cuenta de que el molino le importaba verdaderamente poco. Podr铆a encontrar otro empleo, pero nunca encontrar铆a otra mujer como Beatriz, de ello estaba seguro. Ten铆a que recuperarla. Y sab铆a c贸mo.

Se meti贸 en un callej贸n oscuro, donde nadie pudiera verlo, extrajo el guante derecho y observ贸 con cuidado el brazalete de gemas. Aunque le dol铆a en el alma, ten铆a que ofrec茅rselo a Beatriz. Apart贸 su mirada, pues no pod铆a soportar verlo desaparecer de su mano, y trat贸 de extraerlo. Sin embargo, la reliquia estaba atascada en su brazo, aferrada a su mu帽eca como si no quisiera moverse. Tir贸 con fuerza, pero el condenado objeto permanec铆a inerte. Invirti贸 varios minutos de su tiempo en intentar sacarlo, pero hubo de resignarse a ponerse de nuevo el guante y a regresar a su hogar, no sin miedo. Que aqu茅l brazalete se hubiera quedado anclado en su brazo no era una buena se帽al.

Cuando regres贸 a su casa, sinti贸 un escalofr铆o. La puerta estaba cerrada, herm茅tica, como de costumbre, pero sinti贸 una vibraci贸n negativa al empujarla y escuchar el chirrido del gozne al abrirse.

Y entonces, vio sangre por doquier. Reprimiendo un grito, vio a su t铆o Edmundo echado sobre la mesa de la salita, inm贸vil, con la mirada perdida, cubierto de sangre. No hab铆a ninguna duda de que estaba muerto.

A pesar de ello, Juan trat贸 de reanimarlo, llam谩ndolo por su nombre, agitando su cuerpo, pero su t铆o no regres贸. En su mirada paralizada hab铆a un reflejo de espanto grabado. Como si hubiera perecido de terror. Sin embargo, ten铆a una enorme herida que le recorr铆a del hombro al vientre.

Superado el espasmo inicial, un nuevo terror invadi贸 a Juan. Nadie echar铆a de menos al demente de Edmundo, pero era sabido que pose铆a algunas joyas y propiedades jugosas, por lo que ser铆a acusado de asesinato sin lugar a dudas, un asesinato, alegar铆an, motivado por la consecuci贸n de una herencia escueta, pero que mejoraba con creces su sueldo de molinero. Ser铆a ahorcado por ello.

Juan cerr贸 las ventanas y la puerta con llave. Encendi贸 una vela para ahuyentar la oscuridad. Mientras ca铆a la noche, reflejada por un breve y agonizante rayo de sol que se colaba entre las rejas de la ventana, limpi贸 todas las manchas de sangre y ocult贸 el cuerpo en una despensa.

驴Ser铆a suficiente para salvar su vida? El t铆o Edmundo era conocido en el pueblo, pero rara vez sal铆a de casa, por lo que no ser铆a echado en falta鈥

Un griter铆o procedente del exterior interrumpi贸 sus divagaciones. Asustado, Juan subi贸 al piso exterior y, sin abrir las ventanas, observ贸 a trav茅s de una rejilla a una muchedumbre que se acercaba hacia su casa con antorchas.

-隆Asesino! 隆Asesino!

El coraz贸n le dio un vuelco. Despu茅s de todos los cuidados que se hab铆a tomado, la noticia de la muerte hab铆a trascendido鈥 驴C贸mo demostrar铆a su inocencia, m谩s a煤n cuando hab铆a borrado todas las muestras del crimen? El verdadero asesino le hab铆a tendido una trampa鈥

-隆Ha asesinado a mi hija! 隆Bastardo! 隆Hijo de puta!

Aquello le dej贸 estupefacto. 驴A su hija? Volvi贸 a asomarse por las rejillas.

El padre de Beatriz, antorcha en mano, encabezada la muchedumbre, encolerizado y con la demencia del homicidio reflejada en su rostro.

-Le hizo un regalo monstruoso. Le prohib铆 que se acercara a ella. 隆Y, en un descuido, se ha colado en nuestra casa y la ha decapitado!

*********

Juan se dej贸 caer al suelo, incapaz de contener las l谩grimas. Beatriz, muerta鈥 Y le acusaban a 茅l de haber hecho algo tan monstruoso.

Todo hab铆a ido de mal en peor desde que hab铆a encontrado aquel brazalete del infierno.

Un fuerte golpe lo sobresalt贸. Estaban arrojando piedras y frutas contra su casa. Esto le hizo reaccionar. Ten铆a que escapar de all铆. Ten铆a que salvar su vida. A toda prisa, baj贸 hasta el piso de abajo, sin importarle el ruido que produc铆a. La puerta principal estaba siendo golpeada y no tardar铆a en venirse abajo.

Juan sab铆a que hab铆a un corredor oculto en la despensa de la cocina que daba lugar a un patio trasero, a trav茅s del cu谩l esperaba huir. Lo encontr贸 con rapidez, tras quitar de en medio un armario que cubr铆a su entrada. Se adentr贸 en la oscuridad, no sin antes tratar de tapar lo m谩ximo posible la entrada con el armario, y se alej贸 corriendo, tras escuchar un fuerte estruendo que no pod铆a significar sino que la puerta hab铆a cedido y la muchedumbre hab铆a entrado.

Corri贸 en la oscuridad con el coraz贸n golpe谩ndole con violencia el pecho y lleg贸 al otro extremo del pasadizo. Empuj贸 la pared con la que se top贸 y la noche le recibi贸 en un patio desierto con una fuente en el centro.

Gracias a Dios, no hab铆a nadie all铆, y la salida del pueblo estaba cerca. Con suerte, podr铆a escapar sin ser visto.

Mientras corr铆a por la calle, vislumbr贸 la casa de Ram贸n Cienpi茅s y se detuvo en seco. No pudo evitarlo. Sab铆a que no ten铆a tiempo, que deb铆a huir. Pero 茅l le hab铆a arruinado la vida con aqu茅l desagradable enano y ten铆a que saber por qu茅. Se acerc贸 y golpe贸 la puerta con nerviosismo.

Tras unos interminables segundos, el artista abri贸 la puerta, vela en mano, y se extra帽贸.

-驴Juan? 驴Qu茅 haces aqu铆? He escuchado unos rumores horribles. 驴Est谩s bien?

Sin esperar a ser invitado, Juan entr贸 en su casa.

-驴Por qu茅 lo hiciste?

-驴Por qu茅 hice qu茅, exactamente?

Aquella respuesta le molest贸.

-No te hagas el gracioso. Te encargu茅 el m谩s hermoso de los enanos y le enviaste a Beatriz un engendro diab贸lico.

-驴De qu茅 est谩s hablando? Yo no hice tal cosa. El enano que le envi茅 era hermoso, como me pediste.

Juan estaba perdiendo la paciencia. Sin saber por qu茅, se quit贸 ambos guantes. Los ojos de Ram贸n se abrieron como platos al ver el resplandeciente brazalete en la mu帽eca derecha de su amigo.

-驴De d贸nde has sacado eso?

-No es asunto tuyo.

-Claro que es asunto m铆o. No me has pagado a煤n mi trabajo. Me dijiste que era tan importante el regalo que me pagar铆as con lo que fuese. Y deseo ese brazalete.

Aquello sac贸 a Juan de sus casillas. El desgraciado hab铆a incumplido su trato, hab铆a arruinado su enlace con Beatriz y su vida, lo negaba ante 茅l y, encima, le exig铆a que le diera su bien material m谩s preciado.

Ram贸n extendi贸 la mano hacia 茅l, tratando de aferrarse a la joya, intentando quit谩rsela. Se produjo un forcejeo. Juan lo derrib贸 y cogi贸 el candelabro de la vela, con el que golpe贸 al artista en la cabeza en repetidas ocasiones, hasta que este no se movi贸 m谩s, cubierto de sangre.

Cuando fue consciente de lo que hab铆a hecho, dej贸 caer el candelabro y se ech贸 a llorar. 驴C贸mo pod铆a haber hecho aquello? Ahora era un verdadero asesino. Ya nada lo salvar铆a.

Cuando recuper贸 la compostura, sali贸 corriendo de la casa de Ram贸n y huy贸 por las calles, intentando huir del pueblo. Las antorchas y el griter铆o ya se hab铆an adue帽ado de Azuaga. Juan era consciente de que el crimen que se acababa de cometer no tardar铆a en ser descubierto y que ser铆a achacado a 茅l sin lugar a dudas.

S煤bitamente, la imagen del molino acudi贸 a 茅l.

El molino. El 煤nico lugar en el que podr铆a ocultarse. S贸lo all铆 estar铆a a salvo.

Se desliz贸 por las 煤ltimas calles de Azuaga y sali贸 al campo. En ese momento, se dio cuenta de que una humareda hab铆a inundado la colina.

El molino estaba ardiendo.

*********

Las llamas devoraban la madera del molino. Juan se acerc贸 y, sin saber por qu茅, entr贸 a trav茅s de la puerta. El humo era asfixiante.

Algo capt贸 su atenci贸n, algo que reposaba sobre una mesa. Cuando se acerc贸 a ver lo que era, se qued贸 estupefacto.

El libro de demonolog铆a de su t铆o Edmundo. 驴C贸mo hab铆a llegado hasta all铆?

Estaba abierto por una p谩gina. Y lo que vio ilustrado en ella, lo dej贸 sin sentido.

Su brazalete de joyas y gemas, perfectamente ilustrado, encabezaba un texto.

"Baphomet, el duque del infierno. El m谩s oscuro de los diablos. Se帽or de la avaricia y de la mala suerte. La leyenda habla de la p茅rdida de su brazalete, el cu谩l siempre huye de su mano para corromper el coraz贸n de los hombres. Su m谩s preciada posesi贸n, Baphomet pasa la eternidad tratando de retenerlo, busc谩ndolo por todos los rincones del mundo".

Al pasar la hoja, una nueva ilustraci贸n lo aterr贸. Una enorme figura, con dos enormes alas. Con cuernos coronada en su cabeza. Pero lo peor era su mirada. Ojos azules, llenos de lujuria. Dientes afilados y sucios, con una barba de chivo alrededor. Pendientes de gemas en sus orejas. Un rostro que conoc铆a muy bien.

Aterrorizado, se agach贸 entre el humo y trat贸 de quitarse el brazalete de su brazo. Pero, como pasara anteriormente, fue incapaz de quit谩rselo.

Cuando levant贸 la mirada, vio una sombra en la pared que reflejaba una forma peque帽a, con un sombrero puntiagudo, como de un enano. Una voz negra como la muerte lleg贸 hasta sus o铆dos entre el replicar de las llamas.

-El m谩s negro de los infiernos est谩 reservado para los codiciosos, los eg贸latras y los impuros de coraz贸n.

********

El anciano Adolfo, sentado en su habitual silla, pipa en mano, observaba la humareda que proced铆a del molino. Con el coraz贸n encogido, vio c贸mo se abr铆a la parte superior de la construcci贸n, de la que surg铆a una oscura y alargada figura. Un sobresalto de terror le abraz贸 cuando vio c贸mo la inescrutable figura extend铆a lo que parec铆an dos enormes alas y se dirig铆a al fr铆o cielo estrellado. La figura vol贸 sobre el pueblo a una distancia en la que apenas era una sombra en la noche y se alej贸.

S煤bitamente, cay贸 un objeto con violencia, justo delante de Adolfo.

Era una mano humana, una mano derecha, amputada.

Adolfo se santigu贸.

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