Buona Fortuna

Buona Fortuna

10 de diciembre del 2013

Por @_Cristinita__

Sigo corriendo, sin mirar atrás. No puedo perder tiempo. Nunca he ido más rápido en mi vida. Hasta me cuesta sostener la pistola, ya que se me resbala por el sudor. ¿Por qué no me he deshecho de ella aún? Ahora no puedo pensar en eso. Es de madrugada y las calles están prácticamente desiertas. Siento los pasos de mi perseguidor detrás de mí y escucho su voz que me grita para que me detenga. Pero no hay quien me pare y menos él, aunque esté desgañitándose. Continuo mi huida hacia ninguna parte.

Noto el cansancio. Me duele el costado y me presiono con la mano, como si eso me fuera aliviar. Maldito flato. ¿Acaso él no se cansa? Mi ritmo disminuye, incluso tropiezo con algunas cajas amontonadas en uno de los callejones y se me cae el arma.

De repente, no oigo los gritos desgarradores, ni los incesantes pasos que corrían tras de mí. Es posible que se haya dado por vencido o que me haya perdido de vista. Me apoyo en la pared y me dejo caer hasta sentarme. Mi respiración es cada vez más acelerada. Cualquiera que me viese, diría que estoy al borde de sufrir un ataque. Busco la condenada pistola. No obstante, en estos momentos es mi mejor amiga. La agarro, a pesar de mis principios. Aún así, hace tiempo que mis principios, ideales, creencias e ilusiones se fueron a la mierda.

Voy recobrando el aliento y me levanto, poco a poco. Unas gotas de agua caen sobre mi rostro. Estupendo, que empiece a llover. Así se borrará mi rastro. Continuo mi camino, aunque no sé a dónde ir. Volver a casa tal vez no sea la mejor idea. Tampoco tengo dinero suficiente para ir a ningún hostal. De hecho, no tengo nada. Solo estamos esta pistola y yo. Buscaré un callejón agradable, como si existiera alguno y esperaré a que amanezca.

Sin embargo, todos mis planes se fueron al garete, cuando apareció, doblando la esquina, ese dichoso hombre. Iluso de mí, al pensar que se había cansado de correr o que había logrado escapar. Nada más verlo, lo apunto. Aunque me tiembla la mano, confío en que no se dé cuenta.

- No me obligues a sacar mi arma. Vamos, suéltala. Hagamos la cosas por las buenas - me dice, tratando de persuadirme.

- ¿Y cuándo lo haga, qué? - digo, sin dejar de apuntarle. Sé que trata de disuadirme. Lo admiro. Después de estar persiguiéndome y llegar casi asfixiado, tiene la decencia de entablar un diálogo conmigo. Se nota que es un policía joven. Todavía cree en que se puede hacer las cosas bien. Yo en su lugar, me habría dado una paliza.

- Hablaremos. No todo tiene porqué salir mal - dice, mientras se va acercando poco a poco a mí.

La lluvia cada vez es más intensa. Parpadeo un par de veces para ver con nitidez. Esto no tendría que estar pasando.

- No des un paso más o te juro que disparo - trato de amenazarle, pero no surte efecto.

- No me lo estás poniendo nada fácil. Si vienes conmigo y firmas tu confesión, se reducirá la pena. Yo mismo hablaré con el juez.

- No tengo nada que confesar.

- Si no soy yo, será otro el que te detenga. Es sólo cuestión de tiempo. Tú no eres así.

Mi mano tiembla cada vez más, apenas puedo sostener el arma y él lo sabe. Por eso sigue avanzando hacia mí. Su plan de persuasión está siendo efectivo.

- Tú no sabes cómo soy yo. No voy a ir a ninguna parte. No tienen de qué culparme - digo, tratando de ser convincente, a pesar de estar completamente aterrado.

- Has matado a un hombre. Yo mismo te he visto. No tienes salida.

- ¡Tú no tenías que estar ahí! ¡No tenía que haber nadie! -le grito enfadado, cuando lo que estoy es rematadamente frustrado. Estaba todo planeado y él no debía haber aparecido.

Ante mi reacción, saca rápidamente su pistola y me apunta, pero él no titubea. Él está entrenado para portar armas.

- ¡Se acabó! ¡Te doy tres segundos para que bajes el arma o me veré obligado a disparar! - El poli bueno, que trataba de convencerme, había desaparecido.

Mi cabeza estaba a punto de estallar. Imágenes de lo ocurrido se sucedían en mi mente. Había matado a un hombre, es verdad. Pero no había dejado prueba alguna. Ni rastro para levantar sospechas. La única prueba está delante de mis narices. Yo no soy así, es cierto. Un miedo incontrolable me invade. No quiero matar a este hombre, pero no me deja opción...

Aprieto el gatillo. No solo una vez, sino tres veces. El cuerpo sin vida del policía se desploma al instante, salpicando agua debido al charco que se había formado con la lluvia. Un charco que se tiñó de rojo. Tiro la pistola con fuerza al suelo, como si fuera la culpable de mis actos y abatido, me arrodillo frente a él.

- ¡NO TENÍAS QUE ESTAR ALLÍ! - no puedo contenerme y lloro desconsoladamente - No tenías que estar allí…- continuo sollozando.

Me despierto de un sobresalto. El sudor recorre mi frente. Por más tiempo que pase, no consigo borrar ese día de mi mente. Me incorporo y cojo la foto que hay en mi mesita de noche. Una hermosa niña de doce años me mira con una sonrisa radiante, llena de vida. Una sonrisa que hace más de un año, un malnacido apagó.
“Todo lo he hecho por ti, pequeña. Todo.”

Cristina
@_Cristinita__

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